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En La Tierra Sin Nombre Adolfo Alonso Ares
En La Tierra Sin Nombre
Adolfo Alonso Ares
Estoy aquí guardado o escondido en esta celda tibia de septiembre donde anoto el relato que he encontrado sin deciros jamás una palabra, ya que si hubiera hablado, creeríais que era un loco que imagina las cosas más extrañas. Estoy aquí bebiéndome el esbozo de un tiempo inexistente. Porque anduve buscando las verdades que nadie más conoce y fue casualidad o fue fortuna y por eso partía en los caminos sin deciros jamás a donde iba. Y después de algún tiempo regresaba y os contaba que tal y que tal cosa en la mesa camilla de diciembre. Fueron tiempos que ya he de imaginarme, porque andan borrosos en la mente y quiero destilar esa memoria que hurga cuando duermo. La que hurgó en el niño que yo era. Estoy ya apuntalando los diluvios que dejan que la vida y sus estelas indaguen en los ecos más inciertos. Y hoy tengo que escribiros estas notas para que receléis de aquellos mundos que quizá ya no existan, porque el febril legajo en que anotaba ya no guarda silencios y temo que me dejen atascado en un rincón oscuro. Del que ahora he de huir, tomando fuerzas para dejar la impronta de ese tiempo. Que escuchar viejas leyendas ha sido mi pasión, por eso me reunía, con tanta frecuencia, en los pueblos más íntimos y remotos de la vieja Maragatería, para hablar con sus habitantes. Porque los que aún quedaban en los territorios del origen, investían una pátina que les mimetizaba con la propia naturaleza y de ese modo, conocían y entendían los signos del silencio. Los verdaderos signos que suscitan las eclosiones que nacen del abismo e interioriza al hombre. Y es que el ser humano, inicialmente, latía en sus adentros y distinguía cada una de las señales que le custodiaban. Y la tierra le acompañaba en el sustento, ofreciendo dorados y primitivos cereales que se molturaban en los pequeños molinos de ríos muy humildes y de arroyos. Fabricaban harina con la que amasaban grandes hogazas de pan, cuya corteza se tornaba del color de los surcos de la tierra. Escuché, en muchas ocasiones, relatos difíciles de comprender, porque tentaban con sus dedos lo visceral del hombre. Acotaciones de un mundo pleno que existía, solamente, en la ofuscación de quien lo amaba. Otras veces, me narraban lo que ya se había escuchado en las veladas de las noches más largas de los inviernos. Pero, en las unas y en las otras, había un mismo denominador: quien hablaba, creía a pies juntillas en la veracidad del relato. He sido paciente y constante, porque recorrí, a lo largo de los años, infinidad de escondrijos del país de los maragatos en busca de las pasiones que nacieron con el hombre sencillo, con el que participa y participó, a lo largo de siglos y milenios, en la plenitud de las emociones de la vida; sin ningún tipo de condición ni interferencia que pudiera distorsionar lo auténtico y visceral de la palabra. Los hombres hemos sido necesarios para la trasformación del paisaje, para la adecuación del mundo, para la creación de espacios con leyendas y fantasías que, mezclándose con la verdad de cuanto existe, fundaran su verdad. Pero cerca del hombre, alrededor del hombre, se instauran más verdades para que existan mundos paralelos, impenetrables los unos en los otros, capaces de succionar la esencia de las cosas y convertirlo todo en plenitud o en todo lo contrario, que eso nunca se sabe. El hombre es plenitud y por eso tiene -tenemos - la capacidad de ensoñar y recrear desiguales ambientes y horizontes también imaginarios que, a pesar de ser distintos, han de seguir formando parte de este mismo solar en que existimos. Los habitantes de las aldeas apartadas me enseñaron a conciliar en la razón de cuanto digo, a entender los pormenores de todo aquello que late en el confín del viejo cosmos, que siendo referencia de infinitos, engendró con su origen las pulsiones de todo cuanto podamos imaginar. Somos, por tanto, cómplices en la certeza y el discernimiento sobre todo ese espacio que nos une. Formamos p
| Media | Books Paperback Book (Book with soft cover and glued back) |
| Released | March 29, 2020 |
| ISBN13 | 9798631913561 |
| Pages | 226 |
| Dimensions | 152 × 229 × 13 mm · 335 g |
| Language | Spanish |
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